lunes, 18 de julio de 2016

Sobre la libertad de elección.

Imagina que vas a una heladería y comienzas a echarle un vistazo al escaparate, para elegir sabor. Imagina que, para tu sorpresa, solo hay cuatro sabores: turrón, menta, limón y vainilla. Imagina que tu sabor favorito es el de chocolate, que ése es el sabor que te gustaría escoger; pero, desgraciadamente, no hay más heladerías en tu localidad, tienes hambre y te apetece comer un helado como si fuese la última vez que pudieses probarlo.

Así pues, a tu pesar, porque no hay helado con sabor a chocolate, eliges el de menta, que es el que más te gusta de todos esos sabores, y además tampoco es que te desagrade.

Tras esta elección, tienes la sensación de haber elegido libremente. De hecho, en cierto modo lo has hecho: había cuatro opciones y tú, sin que nadie te pusiese una pistola en la sien, has elegido ese helado.

Pero, ¿la elección es 100 % libre y 100 % real?

En absoluto. En el mundo hay muchísimos sabores, a parte de esos cuatro mencionados. Y para poder elegir realmente a tu gusto y con total libertad, lo óptimo es que exista una mayor cantidad de sabores a elegir en la tienda, de tal modo que no tengas problema en escoger el de chocolate que tanto te gusta.

Lo mismo ocurre en el mundo: muchas veces nos dicen que hemos elegido libremente, y de hecho hemos hecho esa elección sin que nadie nos ponga una pistola en la cabeza, pero resulta que, desgraciadamente, nuestra elección es fruto de que no se nos dan más opciones en la vida.

Si resulta que tú quieres que tu comunidad se independice y forme un país autónomo, separado de aquel en el que se te obliga a estar, pero las leyes o los y las gobernantes te impiden llevar a cabo un Referéndum a través del cual se pueda elegir un proceso de independencia... pues tienes la opción de marcharte a otro país, quedarte donde estás, cambiar de Comunidad Autónoma, luchar en una plataforma... Pero no es la que realmente quieres.

Si resulta que eres niño y te gustaría jugar a las cocinitas, pero cuando vas con tu madre y tu padre a la tienda de juguetes, te meten de cabeza en la sección de "juguetes de chicos", en donde no está la cocinita de juguete... pues puedes elegir entre el Spiderman, los Lego, una pistola de bolas y muchos coches.... Pero no es la opción que realmente quieres.

Si resulta que eres chica y te gustaría estudiar fontanería, pero cuando vas a elegir una Formación Profesional, el entorno te presiona duramente para elegir entre Cocina, Peluquería, Atención socio-sanitaria... estás eligiendo libremente entre muchas opciones, sí; pero no es la opción que realmente quieres.

Si resulta que te gustaría abrir una tienda de libros, pero tu nivel económico no te da para sacar adelante tu proyecto de negocio, pues puedes echar currículums en varias empresas y trabajar como docente de clases particulares, en una frutería... O incluso puedes elegir trabajar en una librería, sí. Pero al fin y al cabo, no es la opción que realmente quieres.

Entre el querer y el poder, no hay mucho trecho. Para hacer lo que realmente quieres, hay que poder. Y no me refiero a las limitaciones personales. Por mucho que yo quiera escalar el monte Everest, es obvio que mi condición física no me lo permitirá. Pero resulta que la sociedad de por sí establece una serie de pautas, de normas de conducta, de normas, que de no existir, nos permitirían optar por opciones a las que no accedemos a causa de dicha sociedad.

Por eso la libertad de elección a día de hoy no existe. No al menos en un 100 %. Y para que ésta sea posible, primero deberíamos comenzar por cambiar una cultura basada en la falsa igualdad y la falsa libertad.

Y no vale un "tiempo al tiempo". Hay que moverse para traer cambios. Pero resulta que desde el poder dificultan la movilidad, la rebeldía.

Habrá que empezar, quizá, por la desobediencia. Tomarse la libertad plena y sin miedo... de comenzar a construir un mundo nuevo. Y esto, a pesar de las barreras, las amenazas y los golpes.

lunes, 1 de diciembre de 2014

El capitalismo puede cambiar de color.

Hoy os dejo una entrada del blog anarquista Regeneración, cuya lectura me parece importante para los tiempos que corren. Espero que os guste.

El capitalismo puede cambiar de color:

Se piensa en muchos casos que el capitalismo es un solo sistema económico que se diferencia de otros como el socialismo, el fascismo o el comunismo. Muchas veces se han hablado de alternativas al sistema capitalista, incluso se repite miles de veces el sistema de economía mixto y se muestra el éxito de la economía de los países nórdicos así como se critica el imperialismo de EEUU y la economía planificada de la antigua URSS. Incluso ahora se está hablando mucho de un retroceso por el desmantelamiento del Estado del Bienestar en donde unos creen que vamos para la Edad Media y otros para el siglo XIX. No obstante, pretendiendo un análisis más a fondo, descubrimos que el capitalismo es un sistema flexible que puede adquirir diversas formas y camuflarse bajo diferentes colores. Pasemos pues a señalar las variadas formas que éste adquiere.
La forma más sutil y más amable del capitalismo lo vemos en los casos de los países nórdicos (el modelo escandinavo) donde los salarios son muy elevados y la economía parece muy estable, y que ahora Islandia se está sumando al carro. En este caso los beneficios se reparten entre la sociedad, aunque no llega a toda ella, por supuesto y por ello suaviza e incluso llega a encubrir la explotación, alienación y cosificación de los individuos que hay detrás de ello. Menos amable fue el capitalismo en épocas de bonanza en el resto de países europeos donde se implantó también el Estado del Bienestar. Llegando a este estado, el sistema capitalista se mantiene fuerte ya que prácticamente ha terminado con la resistencia comprando las conciencias ya que casi toda la clase trabajadora se le identifica con las clases medias debido a sus altos poderes adquisitivos, lo cual lleva a que necesariamente estén continuamente gastando en productos novedosos y muy atractivos pero inútiles en muchos casos. Se consolida pues la paz social, siendo la izquierda institucionalizada que, usando un discurso keynesiano, consigue absorber el descontento entre la clase trabajadora llamando a seguir a los sindicatos concertados y sentarse para negociar las condiciones de explotación por parte del patrón. No comentan, sin embargo, que este estilo de vida es extremadamente aburrido y bastante gente termina en la neurosis y el suicidio, por no hablar de una mayor garantía para la perpetuación de la explotación al haber una estabilidad notable..
Debemos ahora de diferenciar el liberalismo económico clásico y el neoliberalismo. El liberalismo clásico consistía más bien en una economía productiva y masiva donde la explotación laboral se notaba exageradamente. Adam Smith creía que los mercados no deben ser regulados por el Estado y que éste mismo en libertad corregiría sus propios defectos. La libre competencia era el motor del avance y las empresas privadas estaban a niveles más igualados. En esos tiempos, aún no existía un Estado que palíe o suavice de algún modo la condición miserable de los obreros y campesinos. Entonces, las instituciones solo se encargaban de las tareas represivas mientras adquiere una faceta demócrata. Los valores que se implantaron fue la libre competencia y la supervivencia el más fuerte, algo que se sigue manteniendo hoy en día.
No obstante, el neoliberalismo va mucho más allá que el liberalismo clásico y también es político. Este nuevo sistema económico se está implantando a escala mundial y necesita de flujos masivos de capital internacionalmente, teniendo más peso el capitalismo financiero frente al productivo que se concentra mayormente en países del llamado “Tercer Mundo”, frente a la economía nacional y más proteccionista del liberalismo clásico. También, el capitalismo va teniendo cada vez más a los monopolios ya que la diferencia de las empresas se hace cada vez mayor y la competencia más desigual. Los Estados modernos deben ser gobiernos títeres que tengan el papel del control social mientras favorece a los grandes banqueros, inversores y empresarios.
Mientras que en el liberalismo los Estados-nación tenían cierto poder sobre la economía, en el neoliberalismo los Estados son superados por las multinacionales y el desmantelamiento de derechos conquistados responde a la necesidad de aumentar el poder de las grandes fortunas y los monopolios, acentuando cada vez más la brecha entre ricos y pobres. Ello conlleva pues que el sistema represivo se fortalezca para contener la disidencia e incluso neutralizarla al absorberlos e invitarlos a las mesas de negociación. El Estado neoliberal puede también ser de dos tipos: dictadura al estilo Pinochet o democracia representativa tipo Thatcher, por poner un ejemplo, aunque también añadiría las actuales democracias modernas. La diferencia radica en los diferentes grados de dureza de la represión ejercida y las estrategias de control social utilizados, pero el trasfondo es el mismo.
Otro gran error es confundir el nazismo y el fascismo con el régimen de Stalin y la economía desarrollada por dichos regímenes. El fascismo en realidad es la herramienta utilizada por la burguesía conservadora en épocas de crisis y de gran crispación social. Pese a mostrarse anticaptalistas, lejos están de serlo. Los regímenes totalitarios fascistas buscan la autarquía, es decir, una economía nacional fuerte que dependa lo menos posible del comercio con el exterior. Así pues, clase trabajadora y patronal deben ir unidos para levantar la nación, producir para el beneficio de la patria y donde la intervención estatal en la economía básicamente es para adaptarla a producir material de guerra y controlar la disidencia obrera. Este modelo económico se le denomina capitalismo corporativo o corporativista.
En cambio, la URSS después de la centralización del poder de los soviets en uno solo (en el Soviet Supremo), instauránose la dictadura del proletariado, el socialismo real ha degenerado en un capitalismo de Estado. Se diferencia de los totalitarismos fascistas en que éstos han abolido la empresa privada, pasando a ser el Estado una única empresa que controla (monopoliza) todos los aspectos de la economía, siendo el propietario de todas las tierras y fábricas. El Estado pasa a ser quien decide sobre la producción, la colocación de la mano de obra, la distribución, etc. A parte, también el Estado adquiere una función represiva similar al fascista pero ya no por cuestiones raciales ni nacionalistas sino ideológica. Vemos pues una clara diferencia entre capitalismo de Estado y capitalismo corporativo.
No sería completo mi análisis si no tratara de la utopía capitalista mal -o falazmente- llamada “anarco”capitalismo. En realidad es simplemente «capitalismo sin Estado», «capitalismo anti-estatal» o similares. No debemos confundirlo con el liberalismo de Adam Smith ni con el neoliberalismo, pues el capitalismo anti-estatal propone la desaparición total del Estado, quedando sus funciones sustituidas completamente por empresas privadas y que el mercado sea completamente libre, frente al liberalismo clásico que quieren un Estado que garantice el derecho a la propiedad y los derechos de la ciudadanía (solo los propietarios en realidad) o el neoliberalismo que persigue un Estado títere represor. Esa utopía capitalista sí defiende las jerarquías en las empresas y sobre todo el mercado verdaderamente libre, sin traba alguna donde sean las leyes de la oferta y la demanda las que rijan su funcionamiento por encima de cualquier moral o ética.
Todos estos capitalismos tienen grandes diferencias. Sin embargo, podemos extraer un denominador común:
  • La explotación asalariada, sea llevada a cabo por una empresa privada en el caso del liberalismo clásico, el neoliberalismo, el capitalismo corporativo y la utopía capitalista o por una empresa estatal o el Estado, en el caso del socialismo de Estado.
  • El sistema bancario y el dinero, pilar fundamental del sistema capitalista indispensable para la emisión de moneda y el dinero para el intercambio de productos y servicios, que por ser acumulable, genera desigualdades. Sea la banca privada o nacionalizada, posee casi la misma función.
  • La propiedad. Privada o estatal, queda en manos ajenas al trabajador, lo cual supone el despojo del fruto del trabajo y la venta de la fuerza de trabajo por parte de la clase obrera para poder subsistir, careciendo de poder de decisión sobre lo que produce.
  • Y el punto más importante: la continua necesidad de explotar nuevos mercados. Esto quiere decir que el sistema capitalista solo se mantiene si consigue conquistar nuevos mercados creando a la vez nuevas necesidades. No siempre el ritmo de crecimiento coincide con el ritmo de conquista de nuevos mercados y muchas veces éstos mercados acaban saturándose provocando las crisis cíclicas. Ejemplos los tenemos en el siglo XIX con el imperialismo. La colonización de África, las Américas y Oceanía supuso un mercado enorme donde dar salida a los productos industriales y a la vez consiguir acceder a más recursos naturales. Por ello, tanto el liberalismo clásico como el neoliberalismo y el capitalismo corporativista tienden al imperialismo, es decir, a conquistar nuevos mercados para perpetuarse. En el caso del neoliberalismo, mediante la corrupción de los Estados objetivos y transformarlos en gobiernos títeres en favor de las grandes multinacionales y otros gobiernos neoliberales (ejemplo: la Alemania de Merkel); mientras que los fascismos utilizan la economía de guerra y la guerra abierta para su expansión (ejemplo: la Alemania de Hitler). No obstante, el capitalismo de Estado no pudo salir de su crisis y colapsó porque sus mercados saturados impedían que se dinamizara la economía, que unido a la negación de conquista de nuevos mercados, terminó por colapsar y regresar de nuevo al capitalismo de libre empresa.
A partir de este análisis extraemos la conclusión que la verdadera alternativa al capitalismo es la abolición del trabajo asalariado, del sistema bancario, del dinero, de cualquier tipo de gobierno que protege los intereses del Capital y de la propiedad privada y estatal. Nosotros proponemos que la propiedad sea colectiva y las relaciones de producción sean en base a la máxima de “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad” (Kropotkin), siendo los medios de producción puestos bajo control obrero y sean quienes decidan sobre la producción. Que la autoridad del Estado sea abolida por considerarla innecesaria y que si no se erradicara, terminaría por restaurar la propiedad individual y la desigualdad social.

domingo, 12 de octubre de 2014

12 de Octubre: nada que celebrar.




Entiendo que se celebre el día 2 de mayo. Un ejército, al mando de Napoleón Bonaparte, intentó conquistar España y el pueblo, sin necesidad de seguir las órdenes del rey Fernando VII, se levantó para defenderse.


Aquellos españoles y aquellas españolas que lucharon por mantener su nación, al fin y al cabo son como los actuales españoles y las actuales españolas que se movilizan por defender su casa, su familia, su gente... de la tiranía y el caos que capitalistas, sectores conservadores y fascistas en general, siembran sobre el pueblo.

Pero detesto que se festeje con orgullo un día que representa una expropiación del hogar, violaciones y demás torturas, la desaparición de una cultura y, en definitiva, una masacre.

No, señoras y señores. El día 12 de Octubre no es el día de la Hispanidad. Aquella gente no quería hispanizarse, sino que fue obligada a abrazar una religión, unas costumbres...

No creo tampoco que debamos avergonzarnos de aquellos tiempos. Quienes vivimos en la actualidad, no somos culpables ni nada tenemos que ver con aquel exterminio. Y como anarquista, no creo ni siquiera que sea parte de la historia española, sino parte de la historia humana, y que como seres humanos deberíamos aprender a no dañar y destruir a otra gente solo por ser diferente o no pertenecer a nuestro grupo.

Me queda claro: en este 12 de Octubre... no tengo nada que celebrar.

Foto: 12 DE OCTUBRE: NADA QUE CELEBRAR.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La llamada.

Hoy quiero compartir una nueva canción con vosotros y vosotras, de Ismael Serrano, que habla sobre el precariado, esa clase trabajadora que es pobre, a pesar de trabajar, y que nos demuestra que la consigna capitalista de "si quieres algo, entonces trabaja y gánatelo", es mentira y no funciona.
.


Que el miedo cambie de bando; que caigan las distintas formas de opresión; que alcancemos un mundo más justo y equitativo; y que podamos vivir con más alegría.


Nota:

Gracias a Kuxille por enseñármela. Es preciosa. ^^

martes, 23 de septiembre de 2014

El caso de Málaga y la estupidez masculinista.

En Málaga (de la Comunidad Autónoma de Andalucía - España), hace tiempo se creó revuelo porque presuntamente se había violado a una chica de 20 años. Los supuestos culpables eran cinco chicos.

Al final, por lo que parece, la denuncia fue falsa y la chica ha sido condenada por ello.

Yo, que siempre hablo de que hay que hacer ciencia, he defendido fervientemente que las denuncias falsas son muy pocas, y que hay un determinado porcentaje de maltratadores y violadores. Se sabe que pueden ser más casos, porque muchos no se denuncian o son sumamente difíciles de demostrar. Pero también podría resultar que muchas de esas denuncias en realidad eran falsas. Teniendo el cuenta el margen de error, por un lado y por otro, nos quedamos con los datos que tenemos y ya está. No podemos hacer suposiciones ni interpretaciones estúpidas de si "las personas son igual de buenas que de malas y entonces hago estas operaciones para que me salgan los datos que me interesan".

Los datos son los que son. Punto y final. Se puede seguir investigando, pero esto es lo que hay. 

A esto se le llama hacer ciencia.

Y de momento no hay pruebas en contra de los supuestos violadores; y sin embargo, sí las hay contra la denunciante. 

Por lo tanto, la cosa ha de quedar, hasta que se demuestre lo contrario, que ella mintió (lo cual ha hecho la sentencia).

Hay feministas, a mi pesar, que insisten en seguir pensando en que ella sí fue violada pero que por presión se ha retractado de sus acusaciones.

Podría ser verdad. Pero la cuestión no es lo que podría ser, sino lo que de momento es. Si pensamos que las cosas son de otro modo, hemos de seguir investigando. Ahora bien, mientras estén así, así están, y no hay más que hablar.

Ergo, ella denunció en falso. Eso es lo que hay que afirmar. Cuando se demuestre que en realidad sí fue violada, se afirmará lo contrario.

Ahora bien, los masculinistas también son idiotas (¿y cuándo no?). Y este caso lo están utilizando, cuales críos, para decir "¿Ves? ¿Ves? ¡Tenemos razón, tenemos razón! Todas las mujeres son unas zorras embusteras! y nosotros estamos la mar de oprimidos por la ley".

Pues no, mis estimados neo-machistas. Este caso no os da la razón. Justamente es al contrario: os la quita y muestra lo idiotas que sois.

Este caso muestra:

- Que con la simple palabra de una mujer no se condena a ningún varón.

- Que no se mete a ningún hombre en prisión, a raíz de la simple palabra de una mujer, durante 400 años hasta que sale el juicio.

- Que no es verdad que no se detecten las denuncias falsas y que a día de hoy hay mil millones de hombres en la cárcel por denuncias falsas de mujeres.

- Que no es verdad que las mujeres que denuncian falsamente no sean juzgadas.

Este caso os quita la razón. Os demuestra que todo lo que inventáis sobre la justicia y las denuncias falsas no tiene fundamento alguno. Pero ahí seguís, lloriqueando y soltando pestes contra "las brujas", y utilizando a vuestro favor un caso que os deja sin argumentos.

Queda claro: la estupidez neo-machista no tiene límites.

martes, 16 de septiembre de 2014

Panlogía.

Los españoles y las españolas sufrimos de una enfermedad. No sé si la padecerán fuera de nuestra nación, pero sí sé que la sufrimos en ésta.

Esta enfermedad se llama panlogía, la ciencia de todo; y es una enfermedad que nos lleva a hablar de todo y creernos que sabemos de todo, incluso más que las expertas y los expertos en ciertas materias, cuando en realidad no tenemos ni la más mínima idea de lo que estamos hablando.

Y no lo neguemos: sí, la tenemos todas y todos quienes tenemos la nacionalidad española.

Siempre estará el machirulo español que conoce mejor las estadísticas sobre denuncias falsas, violaciones y violencia de género que quienes han hecho los estudios.

Siempre aparecerá el típico estudiante de Física a decirte que él sabe mejor que tú de qué año data la ley Moyano.

Siempre te dirá una amiga que aunque tú estudies Ingeniería Forestal y ella Física, es ella la que sabe mejor que tú si se podía haber evitado o no un desprendimiento de rocas.

Siempre estará la típica madre o el típico padre de España, que sabe más que el o la pediatra, y que por ello medica a su criatura con lo que le da la gana, sin consultarlo.

Siempre estará el o la docente que sabe mejor que tú que si no has hecho los deberes o has suspendido el examen, no se debe a que se te murió un o una familiar hace dos días, sino que no te da la gana esforzarte o eres idiota y no te enteras de nada.

En el Estado español, desde luego, reina la panlogía. Aquí hablamos hasta de lo que ni nos suena de nada.

Ya lo dijo Manuel Azaña:

"Si los españoles solo hablásemos de lo que sabemos, se produciría un inmenso silencio que podríamos aprovechar para el estudio".

viernes, 8 de agosto de 2014

De cómo llegué a ser ateo.

En una entrada, un comentarista, Alejandro, me preguntó cómo he acabado siendo ateo y materialista. Le respondí que le contestaría con una entrada, y de eso tratará ésta.

¿Cómo he llegado a ser ateo y terrenal?

Antes de nada, decir que no he pasado la mayor parte de mi vida siéndolo. No he nacido en una familia atea, en la cual no me han bautizado, etc, etc. Para nada. Yo estoy  bautizado, hice la comunión e incluso a mis 18 años llegué a confirmarme.

Podría decirse que mi transición hasta el ateísmo pasó por varias fases.

Bien. Mi familia es tradicional católica; apoyan la monarquía; son más bien de derechas; etc. Así que, como es de esperar, he pasado la mayor parte de mi vida creyendo en el dios cristiano y en Jesús Cristo; pensando que el Papa era la autoridad suprema a obedecer; y la primera vez que pude ir a votar (elecciones autonómicas), voté, aunque no lo creáis, al PP, con Esperanza Aguirre a la cabeza.

Cualquiera que lleve tiempo leyéndome, seguro que no me cree... jaja.

El caso es que mi transición, que duró años, comenzó en 2º de la ESO. En la asignatura de Ciencias Naturales aprendí lo que era el método científico, el cual procuro seguir, desde entonces, a raja tabla. Aprendí, y comprendí, que no se pueden afirmar cosas sin demostrar, por lo que ese fue el primer factor que me llevó a tener un espíritu crítico, a dudar, a veces, incluso de lo que me explicaban los profesores y las profesoras, tratando de comprobar lo que podía por mí mismo, o de consultar otras fuentes.

De este modo llegué a la idea de que el mejor modo de saber lo que Dios y Jesús decían, no era creyendo lo que me contaba el cura en la misa, sino leyendo la Biblia.

Así pues, la leí. Y me topé con muchas contradicciones, y con cosas que me gustaron y que me disgustaron. Por aquel entonces, la lectura de la Biblia y el aprendizaje del método científico no fueron suficientes como para llevarme al ateísmo. Pensaba que el libro sagrado para las cristianas y los cristianos era la prueba de la existencia de Dios, así que acabé cogiendo lo que me gustaba y desterrando lo que me disgustaba, de tal manera que empecé a adentrarme en el socialismo, el amor al prójimo aunque tuviese otra orientación sexual, etc.

A partir de este momento empecé a criticar a la Iglesia Católica, al Vaticano y la jerarquía eclesiástica y a toda persona que se auto-definiese como cristiana pero tuviese mucho dinero y le importase lo más mínimo el sufrimiento ajeno.

Un año después, al curso siguiente, no sabiendo cómo definirme, ya que sabía que era cristiano, pero en absoluto católico, conocí a un profesor de religión (yo era el único que iba a esa asignatura aquel año) que me enseñó el Protestantismo, el Islam, el Judaísmo, el Hinduismo y el Budismo.

Entonces empecé a definirme protestante; a marcar las bases de mi propia religión y a realizar una crítica aún mayor a la Iglesia; no solo de la Católica, sino a cualquiera, porque ninguna cumplía con lo que predicaba.

Con esa postura, me mantuve hasta 2º de Bachillerato. Ese año cursé dos asignaturas (Filosofía y Psicología) con una profesora atea y de izquierdas que me marcó la vida; y que me llevó a dudar de la existencia de Dios. Seguía creyendo, pero aceptaba la posibilidad de que no existiese, ya que no había pruebas de su existencia. Y sabía que esa creencia estaba mal: si no tenía pruebas, ¿cómo podía creer? Sabía que no debía hacerlo; pero tantos años de condicionamiento católico no iban a borrarse de un día para otro.

Al año siguiente, ya en la Universidad, a raíz de la asignatura de Filosofía de la Educación, comencé a estudiar a diversos autores y diversas autoras. Fue así como conocí qué era el anarquismo. Y me hice anarco-crisitano.

Pensaba que no debía haber autoridad en el mundo porque solo Dios podía dictar normas y mandar al ser humano. Pensaba que debíamos amarnos mutuamente, respetarnos y dejarnos vivir libremente y en igualdad para ser buenas criaturas del Señor.

Al año siguiente, no sé cómo, empecé por primera vez en mi vida a negar rotundamente la existencia de Dios. Creo que la razón principal fue que conocí gracias al blog Basta de sexismo qué es el sistema pratriarcal, y ver esto fue el detonante para decirme: "Dios no puede existir, porque no puede ser que un ser superior que dice ser bueno, sea tan bestia con las mujeres".

Con este blog comencé a declararme feminista.

Y, como ya no creía en Dios, y no tenía razón alguna para justificar que no hubiese gobernantes y el pueblo llevase sus propias riendas, me pasé al comunismo.

Pero no me duró más que un año. Comprendí que ningún partido político va a traer nada bueno; que la subordinación no es buena (ni siquiera a un dios o una diosa); que el dinero es la condena del ser humano; que solo con la libertad y la igualdad podemos llegar a construir un mundo más justo; y que el anarquismo era la postura que solventaba los fallos del comunismo y del liberalismo económico al mismo tiempo.

Y tras todo esto es como he llegado a ser ateo, anarquista y feminista.

domingo, 6 de julio de 2014

El anarcomacho

Existe un tipo de anarquistas, a quienes solo les importan los problemas de clase; y, entre algunos otros, simplemente se centran en la abolición de los gobiernos.

Son anarquistas a quienes les da igual que las mujeres deban ser tratadas como personas iguales a los varones; y que no dudarían en montar una anarquía androcrática, en la cual la libertad quedaría dada para los varones exclusivamente y las mujeres permanecerían como esclavas sexuales y del hogar.

Son anarquistas a quienes el feminismo les parece lo más atroz del mundo, porque temen que en el futuro los varones deban esforzarse para conseguir ciertas cosas y pierdan el privilegio de que les venga casi todo hecho por la simplez de tener un pene entre las piernas.

Son anarquista que se despreocupan olímpicamente de sus parejas, que las abandonan a su suerte cuando quedan en periodo de gestación, que las introducen en la dependencia emocional y que no tienen ningún tipo de acuerdo con ellas, porque cuando se trata de cuestiones de Estado, el ser humano ha de ser libre, pero cuando de parejas se trata, hágase su voluntad.

Son anarquistas que consideran que una mujer no es más que un varón sin pene; olvidando que ellas sí tienen genitales propios.

Son anarquistas que dicen que una cosa es la lucha contra el fascismo y otra cosa bien distinta es la familia.

Son anarquistas que se oponen a todo tipo de autoridad, pero cuando se trata de prohibir a las mujeres entrar en batalla y dejarlas lavando platos, no dudan en dar su voto a favor.

Son anarquistas que consideran a las mujeres como meros objetos sexuales y que piensan que la abolición de la propiedad privada pasa por hacer que todas las mujeres sean públicas, cuales bienes terrenales.

Son anarquistas que opinan que el feminismo en sí mismo es un movimiento burgués que divide a la clase trabajadora. 

Son anarquistas que disfrazan de independencia su falta de simpatía y de cuidados.

Son anarquistas que de anarquistas no tienen nada, porque pretenden perpetuar los privilegios masculinos.

Son anarquistas que, aunque no lo digan en voz alta, odian a las mujeres y las consideran como seres inferiores.

Tienen un nombre: anarcomachos. Y hay que tener mucho cuidado con ellos, porque ondean la bandera negra para todo aquello en que se ven afectados; pero cuando se trata de ayudar a las compañeras... la esconden entre sus calzones y la usan para aparentar que tienen un súper pene y son bien pero que bien machotes.

Pierre Joseph Proudhon, anarquista-machista.

jueves, 19 de junio de 2014

¡Ay, Carmela!

En este trágico día para España, en el que se ha proclamado rey a Felipe VI, tan solo puedo dejar por aquí una pequeña escena de la película española ganadora de 13 Premios Goya, ¡Ay, Carmela!, dirigida por Carlos Saura, y creada a partir de la obra de teatro escrita por José Sanchis Sinisterra.

miércoles, 11 de junio de 2014

Una familia como Dios manda.

La Iglesia Católica me ha convencido: hay que tener una familia como la de Dios Yavhé.

Sí, sí, no lo digo a broma: la familia cristiana que muestra la Biblia es la única viable.

¿Que no? ¿Cómo que no? Puñetas, ¡sí! Hay que tener una familia como la que Dios quiere y manda. Sin dos padres, sin dos madres, sin padres o madres de forma soltera... ¿Qué guarrada es esa? ¡Eso no es normal! ¿Lo entendéis? ¡Qué asco!

La familia tiene que ser como la del Señor Jesús de Nazaret, ¡que no lo entendéis! En una familia decente, como la de Cristo, debe haber una madre virgen, un padre paloma siempre ausente y un hijo que es padre de sí mismo e hijo al mismo tiempo.

¡Eso es una familia normal y lo demás no es nada! 

Así que, mujeres, ya sabéis: empezad a utilizar la fecundación in vitro para tener un hijo o una hija con una paloma. 

¡Eso sí que es una familia como la que Dios quiere y manda!